Los paisajistas ingles John Constable (1776-1837) y William Turner (1775-1851) representan el gusto romántico por la naturaleza, con la que el artista recupera sus vínculos en una época marcada por la Revolución Industrial y el crecimiento de las ciudades.

Constable, La catedral de Salisbury, vista desde el jardín del palacio arzobispal, (1823)

Estos pintores modificaron el papel que el paisaje jugaba en la pintura, convirtiéndolo en un tema digno de protagonizar un cuadro. Renovaron la manera de representar el paisaje, prestando especial atención prestada a los valores de la naturaleza cambiante: la luz, la atmósfera y sus colores… lo que les convirtió en precursores del impresionismo.

John Constable (1776-1837) quería hacer de la naturaleza la fuente esencial de la pintura, según sus palabra: “cuando me pongo a hacer un boceto al natural, lo primero que hago es olvidarme de que he visto un cuadro”.

Constable nos acerca a lo efímero, frente a la sólida y perdurable pintura académica, evitando la teatralidad con la que se representaba el paisaje hasta entonces. La naturaleza aparece cambiante, caótica… Pero sus obras están muy elaboradas, con muchos bocetos previos donde podemos apreciar su destreza para representar los fenómenos atmosféricos, como las nubes.

Le naturaleza, los paisajes de las obras de Constable nos muestran una visión amable de la campiña. Le gusta recrearse en elementos humildes para dotarlos de una gran carga poética. Buen ejemplo de su trabajo es El carro de heno (1821), una obra que presentó al Salón de 1824. Utilizó una técnica vibrante y luminosa que impresionó a los jóvenes pintores que posteriormente formarían el grupo de Barbizón, los primeros que pintaron al aire libre, un paso más allá que Constable.

Constable, El carro de heno (1821)

William Turner (1775-1851) dio un impulso definitivo a la pintura de paisajes. Sus primeras obras representan monumentos y paisajes, unas obras muy académicas que le valieron fama y reconocimiento: Roma desde el Vaticano… (1820). Pero no es por estos cuadros por los que es recordado, sino por su intento de acercarse a lo sublime de la naturaleza, cuando cambio por completo su modo de entender la pintura.

Sus paisajes no necesitan seres humanos, sólo elementos naturales como el agua, el viento o la tierra. La naturaleza aparece con toda su fuerza y energía, es una naturaleza sublime. Frente al paisaje amable de Constable, Turner prefirió temas donde el caos se apodera de la pintura: las tormentas. Su técnica cambio hacia unos contornos diluidos, manchas de color y atmósferas vaporosas. Las formas se disuelven hasta casi la abstracción.

Sus obras se basaban en la observación. Al igual que Constable, su método consistía en tomar bocetos (en acuarela) que luego componía en el estudio; se cuenta que para Tormenta de nieve y vapor a la entrada de un puerto (1842), logró que los marineros le amarraran al mástil para presenciar los efectos de la tormenta.

En obras como El “Temerario” remolcado a su último atraque para el desguace (1839) o Lluvia, vapor y velocidad (1844) introducen la temática moderna, que tanto gustaba a los impresionistas. En la primera plasma la nostalgia por un mundo que desaparece para dar paso a otro nuevo, más vulgar; en el segundo se sirve del vapor y el humo para representar este nuevo mundo.

Turner, El “Temerario” remolcado a su último atraque para el desguace (1839)

 

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