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La etrusca disciplina

Religión y adivinación en la cultura etrusca

Disponemos de mucha información sobre el mundo religioso de los etruscos. Ya sea a través de sus necrópolis o por la continuidad que muchos aspectos de esta religiosidad tuvo en el mundo romano, estos últimos quedaron fascinados por uno de los aspectos de la misma: la adivinación, sus ritos y técnicas para conocer la voluntad de los dioses. La etrusca disciplina.

Los dioses etruscos

El panteón etrusco era similar al de los pueblos otros pueblos contemporáneos y estaba abierto a influencias externas, como suele ocurrir en las religiones politeístas, especialmente fueron permeables a las deidades griegas. Tinia era el más poderoso de los dioses etruscos, y se relaciona con el Júpiter romano o el Zeus griego, estando asociado a los rayos y al cielo.

Al igual que en el panteón romano, formaba una triada de deidades principales junto con Uni y Menarva. Uni era el equivalente de Juno; Tito Livio afirma que era una diosa de Veyes asimilada al panteón romano tras la conquista de la ciudad a principios del siglo IV a.C. Estaba relacionada con la familia, la maternidad y el principio vital. La tercera componente de este grupo era Menarva, nombre etrusco para la deidad de la sabiduría, la guerra, el arte y le comercio, reflejada en la Minerva Romana y en la Atenea griega.

Adivinación y aruspicina

La mayor parte de la literatura etruscas se ha perdido, desapareció a medida que se fue abandonando su lengua. Algunas obras fueron traducidas al latín, precisamente aquellas que contenían los conocimientos que más interesaron a los romanos, entre ellos destacó todo lo referente a la adivinación. La religión etrusca contaba con libros sagrados donde se recogían los rituales y técnicas para la adivinación, la etrusca disciplina que dominaban los arúspices.

Según la tradición etrusca estos conocimientos de adivinación y aruspicina fueron trasmitidos por Tages o Tarchies, un dios o profeta de la sabiduría. Según la leyenda que nos cuenta Cicierón, surgió como un niño anciano del surco de un arado en Tarquinia. Suyos serían los libros proféticos o rituales.

Los arúspices eran los depositarios e interpretes de estos conocimientos y saberes. Formaban parte de la aristocracia etrusca, vestían un manto corto sin costuras y un sombrero puntiagudo. Un aspecto realmente peculiar, que les distinguía como tales. El sarcófago del Aris Pulena muestra con orgullo la práctica de la adivinación por su propietario. La procedencia social y los intereses de clase de los arúspices se dejaba ver en sus predicciones, advirtiendo siempre del riesgo de la plebe, y sus reclamaciones de derechos o tierras, o los del poder unipersonal de una monarquía.

Cicerón y Catón mencionaron también a los otro tipo de arúspice, de procedencias más modestas, que buscaban ganar dieron con su prácticas, y a los que tachan de arúspices de aldea o, directamente de charlatanes.

La etrusca disciplina estaba muy relacionada con la visión del orden cósmico de los etruscos. Una visión fatalista, no se podía influir en las decisiones de los dioses, no había diálogo posible, pero sí era posible atender a los signos de la divinidad e interpretarlos. La posibilidad de interpretar esos signos se debía a la relación permanente entre la esfera divina y la terrestre.

La adivinación y su prácticas eran para los etruscos una manera de comprender la divinidad, de acercarse a ella. Una adivinación basada en principios inductivos, observaban la naturaleza para captar los signos de la divinidad y los interpretaban de un manera, que podríamos llamar técnica (diferente de los oráculos griegos, basado en la inspiración), estas técnicas se transmitían en un tradición que ellos entendían racional (como una ciencia).

Los etruscos concebía una relación entre el mundo de los dioses, el terrenal y aspectos concretos del mismo (como las vísceras de un animal sacrificado), el microcosmos como un reflejo del cosmos celestial. Cada signo era susceptible de adivinación, el arúspice debía observarlos, identificar que divinidad o divinidades lo enviaba e interpretarlo aplicando el conocimiento acumulado por las experiencia y recogido en los libros sagrados. Descubrir si se trataba de buenos o malos presagios. El siguiente paso era aplicar el conocimiento para rogar a las divinidades que cumplan con los buenos auspicios o implorar para evitar los malos.

Las prácticas adivinatorias más importantes en el mundo etrusco fueron la interpretación de las vísceras, la de los rayos y truenos, y la del vuelo de las aves.

  • La extispicina, o interpretación de las vísceras de los animales sacrificados, principalmente el hígado, es la práctica más conocida. Está vinculada al sacrificio, un momento de relación entre los hombre y los dioses. Tras el sacrificio del animal, los restos se repartían. A los hombres correspondía la carne del animal sacrificado (o ostia consultatoria), esta carne se consumía en un banquete ritual, mientras las vísceras eran para los dioses, cocidas y luego quemadas en el altar, no sin antes haber realizado el ritual adivinatorio.El hígado de bronce de Piazenza nos permite entender su método, una especie de manual o herramienta para la hepatoscopía. Está dividido en diferentes regiones que se corresponden con el lugar de los dioses en el cielo, el microcosmos como reflejo del cosmos. Según el lugar donde aparecen los signos se corresponde a deidades del Sol, y por tanto positivas, de la noche, negativa o de la tierra, de más compleja interpretación.
  • La fulguratoria era la adivinación basada en los rayos. Plinio nos cuenta la división en 16 regiones del cielos. El arúspice debía observar la procedencia y la dirección del rayo para saber que divinidades lo envían y que presagios anunciaba. También observaron los truenos, en este caso la interpretación dependía del los días en que se escuchaban, propicios o nefastos.
  • La ornitomancia es la observación del vuelo de las aves, tomando como referencia el reparto de las zonas del cielo entre las diversas divinidades para interpretar el tipo de presagio que portaban.

Continuidad en influencia en el mundo romano

Los romanos, pese a que contaban con sus propios ritos de adivinación: los Libros Sibilinos, valoraron mucho a los arúspices etruscos. Tratados sobre la etrusca disciplina se tradujeron al latín durante el siglo I a.C., mientras que se redactaron otros directamente en esta lengua por miembros de una aristocracia etrusca cada vez más integrada.

La importancia que adquirieron a finales de la república fue tal que se instauró un colegio de 60 arúspices para establecer una doctrina oficial a la hora de aconsejar en asuntos públicos. Fue un órgano consultivo y asesor del poder político, que cobró especial relevancia durante las crisis del periodo final de la República. Como miembros de clase aristocrática, en estos conflictos entre optimates y populares, su predicciones siempre apoyaron el mantenimiento del modelo oligárquico de la república contra el poder unipersonal, que finalmente acabó triunfando.

Con la llegada del Imperio, los arúspices no tuvieron ningún problema en adaptarse al nuevo poder, de hecho el colegio adquirió más relevancia en tiempos del Emperador Claudio. El colegio de arúspices se convertía en un órgano oficial, dirigido por un arúspice máximo, que en la práctica era un consejero directo del Emperador, con lo que tenía gran influencia en las decisiones políticas.

A partir del siglo II d.C., la etrusca disciplina fue la punta de laza del paganismo frente a la creciente competencia de las religiones llegadas desde oriente, especialmente el cristianismo. Los autores cristianos como Tertuliano o Arnovio se mostraron profundamente críticos con las prácticas adivinatorias.

Bibliografía

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  • DUBY, Georges, Atlas histórico mundial. Ed. Debate, 1987.
  • GRIMAL, Pierre, Diccionario de mitología griega y romana. Paidos, 1981.
  • KINDER, H. y HILGEMANN, Wermer, Atlas Histórico Mundial I, Madrid, Ediciones Istmo 1995
  • LIVIO, Tito. Historia antigua de Roma (Vol. II), Madrid, España: Gredos. 1984.
  • LARA Peinado, Federico, Los etruscos. Ediciones Cátedra, Madrid, 2007.
  • WALKER, Joseph, Los etruscos. Edimat, Libros, 2004.

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