Paul Gauguin (1848-1903) fue, junto con Cézanne y Van Gogh, uno de los responsables del replanteamiento de los principios del movimiento impresionista (revisión del impresionismo). Destacó su particular personalidad valiente y vital, pero también arrogante y egocéntrica. Considerado un dandi dado a los excesos.

Gauguin, Pastora de ovejas bretona (1886))

Su formación artística fue autodidacta, tras varias peripecias vitales logró cierta estabilidad como empleado de banca, pero ese acomodo no le complacía. Arruinado en 1882 dedicó sus esfuerzos a la pintura.

Entró en contacto con los artistas impresionistas en París, pero su relación con ellos fue compleja. El arte científico y cerebral del grupo no era lo que buscaba y su fuerte personalidad chocaba constantemente con el resto.

Abandonó París para instalarse en la Bretaña (1886), en la colonia de Port Aven junto a otros artistas. Buscaba una vida más sencilla y sincera que inspirara su arte. Podemos ver en La Pastora de Ovejas Bretona, 1886 como todavía se mantiene fiel a la técnica impresionista.

Gauguin abandonó la búsqueda del naturalismo y la captación de la luz que caracterizó a los impresionistas, inició su propio camino usando el color de forma simbólica y expresiva, rompiendo con la realidad. La paleta de colores debía estar al servicio de la narrativa, de la historia que quiere contar el pintor, de aquello que la parece más bello. En palabras del propio Gauguin: “¿Cómo ves ese árbol? ¿es realmente verde? Pues usa verde, el verde más hermoso que tengas en tu paleta. ¿Y la sombra? ¿Mejor azul?. No escatimes azul entonces”. El Cristo amarillo (1889) ejemplifica el nuevo camino emprendido por el artista.

Gauguin, Cristo amarillo (1889)

Una de las obras más conocidas de Gauguin, La visión tras el sermón, Jacob luchado contra el ángel (1888) nos permite estudiar la ruptura con el impresionismo:

  • Frente al racionalismo y la búsqueda de la realidad objetiva de los impresionistas, Gauguin antepone el simbolismo y la imaginación.
  • Frente a los temas relacionados con la vida moderna, Gauguin busca en el pasado, en formas de vida más sencillas su inspiración.
  • El uso del color de forma simbólica.

Durante unos meses “convivió” con Van Gogh en Arlés (1888), pero tras el incidente que acabó con el lóbulo de la oreja de Vincent separada del resto de su cuerpo, se marchó.

Finalmente Gauguin abandona todo (familia incluida) para instalarse en Tahití (1891). Allí pretendía encontrar una paraíso de pureza primitiva, una vida sencilla que salvara a su arte de la rutina y superficialidad que tanto le preocupaba. Quería romper los convencionalismos y las fórmulas aprendidas. Según Gauguin el conocimiento y el dominio técnico restaba intensidad, sentimiento y espontaneidad al arte. Según el propio pintor: “me voy para encontrar la paz para liberarme de la civilización. Sólo quiero una arte que sea sencillo, muy sencillo”.

Los cuadros de su época tahitiana son numerosos, llevan nombres en lengua indígena que no traducía al llevarlos a sus exposiciones en París para que resultaran más exóticos e impactantes. Su obra Nafea Faa Ipoipo (¿Cuándo te casas?, 1892), por el que en 2015 se pagó la cifra récord de 300 millones de dólares, muestra los rasgos del arte de Gauguin. Obras salvajes y primitivas por su color fuerte y su dibujo, del que simplifica los contornos, que sorprendieron a los propios impresionistas. Sus figuras grandes de formas nítidas evocan tallas de madera tribales. Las anchas manchas de color contorneadas de forma nítida recuerda a las vidrieras medievales.

Orgulloso de ser llamado “bárbaro” ignoró problemas como la profundidad en favor de la espontaneidad y la intensidad.

Otro aspecto importante de la obra de Gauguin es el simbolismo, abordado a través del color, como vimos en La visión tras el sermón (1888), o con la temática, en obras de corte filosófico ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897), o religioso El espíritu de los muertos vela (1892).

Gauguin, El espíritu de los muertos vela (1892)

Al igual que Cézanne y Van Gogh, la obra de Gauguin abre nuevos caminos en el arte partiendo del impresionismo. Gauguin pone el color al servicio de la idea y de la pretensión estética del cuadro, haciéndolo independiente de la naturaleza, fue el precedente de los fauvistas y del simbolismo, también quiso recuperar un arte instintivo que recupera el origen, fuera sincero o no en ese propósito, anticipó el primitivismo que tanto influyó a principios del siglo XX.

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