La segunda revolución artística llegó de la mano de los pintores realistas que cambiaron la concepción del arte al eliminar los convencionalismo de estilo y de tema que imponía la academia y el arte oficial.
Desde Inglaterra paisajistas como Constable y Tarner trabajan para captar la fugacidad del instante, dejando de lado la artificiosidad de los paisajes idealizados o “pintorescos” aceptados en el Arte.
Los impresionistas llevan estos postulados a sus últimas consecuencias, creando una pintura que trata de captar la realidad tal como es, sin convencionalismos pictóricos, sin grandes pretensiones temáticas. Quieren atrapar el instante en sus obras, pintando al natural y con pinceladas rápidas.
El nuevo estilo fue rechazado y vilipendiado por la crítica y la academia, pero finalmente abrió un nuevo camino en el arte.

 

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