El Salón de Otoño de 1905 fue testigo de la aparición de un nuevo movimiento artítico: el fauvismo. Ante los colores vivos, casi violentos de las obras de Matisse, Vlaminck y Derain, el crítico Louis Vauxcelles afirmó que parecían pintadas por les fauves, las fieras salvajes. Sin saberlo había dado nombre a un nuevo estilo artístico.

El fauvismo siguió el camino abierto por los post-impresionistas Van Gogh y Gauguin. Para estos artistas el color era la clave de la pintura, un color puro y simbólico, que no responde a la cromática natural, es un elemento poético y evocador.

Gauguin se marchó a Tahití en busca de una arte original, que no estuviera corrompido por la sociedad moderna y sus conocimientos. Abrió el camino al primitivismo, la búsqueda de los orígenes del arte a través del arte indígena o antiguo, una tendencia que estuvo siempre presente en el arte contemporáneo occidental.

Partiendo de estos principios Henri Émile Benoît Matisse (1869-1954), Maurice de Vlaminck (1876-1958) y André Derain (1880-1954) crearon un estilo que buscaba liberarse de la tradición artística occidental, obviando los efectos de perspectiva, luz, volumen… para privilegiar el color y la expresión emocional. La estancia de Matisse y Derain en Colliure en 1905 les descubrió el sol brillante del Mediterráneo con su vivos colores. Su arte se vuelve desnhibido y colorista. El objetivo es captar lo que siente el artista ante una escena y expresarlo mediante el color.

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