Todos los contendientes europeos de la I Guerra Mundial quedaron muy debilitados. Las perdidas humanas superaron los 8 millones, el 10% de los equipos productivos fueron destruidos y los precios se multiplicaron por tres. Las deudas de guerra europeas con EE.UU. y el pago de las reparaciones fijadas en Versalles por Alemania, causó divergencias entre los aliados.

El sistema monetario alemán quebró en 1923 provocando la hiperinflación de los precios. La imposibilidad para pagar las indemnizaciones hizo que Francia invadiera el Ruhr, lo que aumentó el sentimiento nacionalista y revanchista en Alemania.

EE.UU se convirtió en la potencia hegemónica en la economía. El crecimiento de la productividad le permitió conquistar nuevos mercados. Era el principal inversor y se convirtió en el primer acreedor mundial. Pese a su prosperidad existían problemas latentes, como la desigualdad en la distribución de los beneficios entre propietarios y empleados; y la agricultura, pues la recuperación de la producción agrícola europea redujo los beneficios de los agricultores, que no pudieron pagar los préstamos que habían pedido para mejorar su productividad en el momento de máxima demanda.

La Bolsa de valores vivió una época de espectacular crecimiento. La demanda de acciones aumentó, incluso entre los trabajadores que pidieron préstamos para invertir, ofreciendo como aval la propia inversión. El comienzo de las ventas de acciones por parte de algunos inversores provocó un efecto en cadena que desembocó en el crak del 24 de octubre de 1929 (jueves negro).

La caída de la Bolsa se unió a una crisis de superproducción y la quiebra de los bancos. Las empresas cerraron y el paro aumentó en EEUU hasta los 12 millones. La crisis se contagió a Europa por la contracción de la demanda americana, el descenso de la demanda propia por falta de liquidez y la repatriación de capitales. El recurso a políticas proteccionistas hundió el comercio y acrecentó la crisis. Los cauces del comercio internacional se cerraron.

Cada país buscó sus propias soluciones. Roosvelt implantó el New Deal, basado en las teorías económicas de Keynes. En escandinavia los partidos socialdemócratas impulsaron el Estado del bienestar con fuertes inversiones públicas. La victoria Nazi en Alemania vino acompañada de una política autárquica.

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