El Antiguo Régimen se caracterizó por una economía agrícola y señorial, con una producción de subsistencia, insuficiente, y con un régimen de propiedad y explotación heredado de la Edad Media, el señorío.

 

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El señor feudal (noble o eclesiástico) poseía tanto los derechos territoriales como los jurisdiccionales sometiendo a una fuerte explotación a los campesinos. Los modelos de explotación y las rudimentarias técnicas de cultivo no permitían aumentar la productividad, apenas se producía para el autoconsumo. La falta de excedentes impidió el desarrollo del comercio.

El sector manufacturero era escaso y estaba sometido a los gremios, pero se comenzaba a desarrollar el sistema doméstico. Las manufacturas de artículos de lujo era la única industria organizada.

El comercio se veía lastrado por la insuficiencia de los transportes. Las ferias y mercados canalizaban los intercambios locales y comarcales. Sí tuvo un importante desarrollo y generó enormes riquezas el comercio colonial, destacando el triangular (Europa, África, América).

Las constantes crisis de subsistencia impedían el crecimiento de la población, estancada en un régimen demográfico antiguo (altas natalidad y mortandad).

La sociedad era estamental, dividida en grupos estancos: privilegiados y no privilegiados. Los primeros (nobles y clero) gozaban de todos los derechos y no pagaban impuestos. Entre los no privilegiados encontramos mucha diversidad: jornaleros, campesinos libres, siervos, burgueses…

Los reyes más poderosos de Europa impusieron su autoridad y crearon las monarquías absolutas. Las leyes naturales y las tradiciones del reino (como las Cortes) eran la única limitación a su poder. La Francia de Luis XIV fue su mejor exponente.

La excepción más notable fue Inglaterra donde, tras una serie de revoluciones los monarcas tuvieron que aceptar el poder del Parlamento y los derechos ciudadanos (habeas corpus, Bill of Rights…).

La Ilustración fue un movimiento filosófico que consideraba a la razón la facultad humana más importante y abogaba por la tolerancia y la igualdad, la libertad de conciencia y económica; e introdujeron conceptos políticos como las separación de poderes o la voluntad general. Con los ilustrados comenzó a cuestionarse del Antiguo Régimen.

Algunos monarcas, como el español Carlos III aceptaron en parte las ideas ilustradas, siempre que estas no cuestionaran su autoridad, es lo que se conoce como el Despotismo Ilustrado: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

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