Dentro del arte romano la arquitectura tiene un papel muy importante por la variedad y la cantidad de construcciones que nos han legado. En esta entrada nos centraremos en la arquitectura religiosa y funeraria.

La arquitectura religiosa

La religión romana fue diferente a la griega. Los romanos sentían más devoción por los dioses familiares y lares, que por la compleja mitología olímpica. La función de pública e integradora de las grandes celebraciones religiosas fue reservada al culto del Emperador, de ahí que el templo deje de ser el elemento clave para entender la arquitectura.

Los templos romanos siguieron los modelos etruscos y griegos con algunas modificaciones.

  • Del templo etrusco conservó: el alto podio con un único acceso por la parte delantera, el cierre trasero y el pronaos más alargado. La cella triple que podemos contemplar en algunos templos también es influencia etrusca, siendo templos consagrados a la Tríada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva)

  • Del mundo griego se mantuvo la cella alargada y la columnata períptera, aunque en la mayor parte de los casos (posiblemente por influencia etrusca) el templo era pseudoperíptero (las columnas estaban medio embutidas en el muro de la cella), manteniéndose exentas sólo las columnas del pórtico. Buenos ejemplos son el templo de Fortuna Viril en Roma o la Maison Carrée de Nimes.

Los romanos también utilizaron el modelo de templo circular o tholos, muy habitual en la época helenística. Eran templos de pequeñas dimensiones y la cubierta solía cerrarse con techos de madera. El templo de Vesta en roma (siglo I a.C.) es una elegante muestra de este modelo.

Panteón de Agripa

El más importante de los templos romanos fue el Panteón de Agripa (siglo II d.C.). Alzado en tiempos de Adriano sobre otro anterior de la época de Agripa. Muestra un pórtico columnado y octástilo que da acceso a una naos circular cubierta por una majestuosa cúpula de 43,5 metros de diámetro. Estaba dedicado a todos los dioses.

La arquitectura funeraria

En Roma se practicó, durante siglos, la incineración de los cadáveres. La inhumación de los cuerpos se comenzó a extender a mediados del siglo II por influencia oriental, especialmente del cristianismo. Comenzó la construcción de sepulcros colosales que llegaron a alcanzar un tamaño sólo superado, en el área mediterránea, por los egipcios.

La tipología de los sepulcros fue muy variadas, ya que los romanos asimilaron las formas peculiares de los países que conquistaban:

  • Forma de pirámide, por influencia egipcia (Pirámide de Cayo Cestio).

  • Forma de templete helenístico; en forma de columbario, con nichos pequeños para las urnas cinerarias.

  • Forma de templo, como los españoles de Sadaba y Fabara.

  • Forma de torre circular con grandes dimensiones, según la tradición etrusca. Destaca el de Cecilia Metela. Este estilo fue el adoptado en los grandiosos mausoleos imperiales de Augusto y de Adriano (actual Castillo de Sant’Angelo).

Al llegar la Era Cristiana los enterramientos en nichos se fueron generalizando. Utilizaron largos túneles subterráneos llamados catacumbas.

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