La imaginería española es una elemento original dentro del conjunto de la escultura y el arte barroco.

La escultura barroca en España, al igual que ocurrió con la pintura destaca por su acentuado realismo frente a los modelos idealizados del Renacimiento.

Respecto a la temática encontramos escasas representaciones mitológicas, retratos cortesanos con todo su aparato y simbología pero, sobretodo abunda los temas religiosos, tanto en retablos (sobre arquitecturas de fantasía) como en la escultura exenta. La preponderancia de la religión se explica por la necesidades de la Iglesia de la Contrarreforma, cliente principal de los artistas; también fue muy importante la piedad popular, plasmada en las cofradías que encargan los pasos de Semana Santa.

Si los escultores barrocos italianos utilizaron como material principal el mármol, en España abundaron las tallas de madera policromada que permite reforzar el realismo de las piezas.

La escultura religiosa española mantiene una estructura de talleres, muy heredera de los gremios medievales y eso permite una clasificación de la imaginería en dos grandes escuelas: la castellana y la andaluza, ambas realistas pero con importantes diferencias.

La escuela castellana

Caracterizada por un realismo violento, cargado de dolor y sufrimiento, que muestra las heridas y la sangre de la Pasión de Cristo en sus esculturas y pasos. Podemos hablar de un fuerte patetismo, los sentimiento, especialmente el dolor y el sufrimiento, se muestran con toda su crudeza. La escuela castellana abandonó la técnica del estofado1 para obtener mayor realismo.

El autor más destacado de la escuela fue el gallego Gregorio Fernández (?-1636). Personifica las característica de la escuela castellana con todo su patetismo violento, pero evitando la vulgaridad y el efectismo.

Gregorio Fernández, Cristo yacente del Pardo

Rompe con las influencias italianas del renacimiento para crear una arte profundamente religioso, que trasmite su fe de una manera muy emocional. La cruda expresividad de sus rostros puede llevar al espectadora al desagrado. Sus ropajes y resultan angulados, la incorrección técnica redunda en la aspereza del conjunto.

Entre su obras más destacadas podemos señalar el Cristo yacente del Museo de Valladolid (1627). Fernández creó un modelo de esta escena, mostrando todo el dolor, sin idealismo. Cristo es representado como hombre. El Cristo de la Luz (1630) representa a Cristo crucificado, sin ahorrar el dramatismo de la escena. Otra escena que permite expresar violentas emociones es el de las Vírgenes Dolorosas, como en La Sexta Angustia de 1616, también en el Museo de Valladolid.

La Inmaculada Concepción de Santa María de la Redonda (Logroño), con un rostro ingenuo e infantil, nos ejemplifica su visión sobre una representación muy repetida en el arte religioso católico de la Contrarreforma.

La escuela andaluza

Ciudades como Sevilla y Granada fueron grandes focos artísticos durante el siglo XVII. En Andalucía floreció una la escuela escultórica caracterizada por un realismo más sosegado, bello y elegante. Busca la corrección en la realización y el refinamiento estético. El resultado en un arte bello de gran carga espiritual. En la parte técnica, mantiene el uso del estofado para matizar los colores.

Destacó el artista jienense Juan Martínez Montañés2 (?-1649), formado en la ciudad de Granada, gran foco del renacimiento en el siglo anterior. Su escultura mantiene la corrección clásica pero desde una visión realista. El modelado y los paños otorgan grandiosidad a la obra, y la policromía es muy equilibrada, sin el efectismo castellano. Durante su vida alcanzó una gran fama, comparable a la de artistas como Bernini o Miguel Ángel, el mismo Velázquez le retrató.

El Cristo de la Clemencia de 1605 fue su primera gran obra, convirtiéndose en el modelo de los crucificados en Andalucía. Comparado con el estilo castellano es menos dramático y con menos sangre. Sigue vivo y mantiene una mirada serena y resignada. Creó también un modelo de representación del Niño Jesús, que podemos contemplar en el Niño Jesús de la Parroquia del Sagrario, delicado y de gran belleza. Impresiona la imagen de San Jerónimo del Retablo de Santiponce.

Martínez Montañés, Cristo de la Clemencia

Al igual que Gregorio Fernández trabajó el tema de la Inmaculada que se convertirá en icónica, una mujer joven serena, que recoge las puntas de su manto unas manos en actitud orante. La cabeza se inclina levemente. Luce una ligera sonrisa ingenua y melancólica.

Alonso Cano (?-1667) fue un artista de gran personalidad, violento, orgulloso y soñador. Muy polifacético: pintor, escultor y arquitecto, sus retablos son buena prueba de la integración de las artes en el Barroco. Evita el uso del estofado en oro y aumenta la expresividad de las imágenes.

La talla de la Virgen Madre del Retablo de la Iglesia de Lebrija es solemne en su hieratismo, sirvió como modelo iconográfico católico. En la Catedral de Granada encontramos su Inmaculada del Faristol (1655), se aleja del clasicismo y el realismo de Montañés, la forma en la que se recoge el manto a sus pies aumenta el misticismo al crear la forma mística de una llama.

Pedro de Mena (?-1688) fue discípulo de Alonso Cano, pero su obra es más realista y directa en la expresión, destacando el ascetismo de sus santos, como el San Francisco de la Catedral de Toledo. Destaca el realismo y el dramatismo de sus Hecce Homo y Dolorosas, o de su Magdalena penitente, pero sin dejar nunca de lado la elegante mesura de la escuela andaluza.

Francisco Salzillo

Francisco Salzillo (1707-1783) fue un escultor de origen napolitano que se instaló en Murcia en el siglo XVIII. Destaca por la elaboración de pasos de Semana Santa concebidos como grupos escultóricos y no figuras aisladas.

Su estilo estuvo muy marcado por su procedencia italiana, muy equilibrado y cargado de elementos clásicos, también encontramos elementos de gusto frívolo y el refinado rococó de la época en Europa. Con él se recupera el equilibrio y el gusto clásico en la escultura española. Son obras de gran encanto que conectaron con el gusto popular, verdadero destinatario de su obra. No debemos olvidar sus Pesebres, una tradición napolitana que arraigó con fuerza en España.

De entre sus pasos podemos destacar La Oración en el Huerto (1754), una talla policromada, destaca el clasicismo en el desnudo del ángel que conforta a un Cristo casi desmayado.

1Utilizar un fondo de oro sobre el que se pinta y se rasca para hacer salir los colores de forma matizada.

2Natural de Alcalá la Real (Jaén).

 

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