Identificación y clasificación

El entierro del señor de Orgaz es un óleo sobre lienzo, obra del pintor cretense Doménikos Theotokópoulos (1541-1614), conocido como El Greco. La obra data de 1587 y podemos contemplarla en la Iglesia de Santo Tomé, en la ciudad de Toledo. Es una obra de estilo manierista y temática religiosa. La pintura es de grandes dimensiones, concretamente 360 centímetros de ancho y 480 de altura. Esta obra suele denominarse de manera incorrecta El entierro del Conde de Orgaz.

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Análisis

Temática

El cuadro narra un milagro: la aparición en el entierro del señor de Orgaz (1323) de San Agustín y San Esteban para dar sepultura al caballero. El señor de Orgaz había intercedido ante la reina María de Molina para que ésta cediera el alcázar real a la orden agustina y había destacado por sus obras de caridad.

Sobre la escena del entierro, cómo es habitual en la pintura de El Greco, otra escena representa la Gloria del Cielo, hacia la que es alzada el alma del difunto por un ángel. La Virgen María y San Juan Bautista interceden ante Jesús para que el alma sea aceptada en la Gloria. A ambos lados de la figura de Cristo aparecen Santos y Apóstoles.

Composición

La obra se divide en dos partes claramente diferenciadas:

  • La parte terrenal: el entierro y el milagro allí acontecido.
  • La parte celestial: la Gloria.

La parte terrenal es el escenario del milagro. El cadáver del caballero, con la faz grisácea, de mortal palidez, está ataviado con su hermosa armadura de reflejos metálicos donde podemos ver los reflejadas las figuras que le rodean. El detallismo de la texturas continúa en los santos que delicadamente lo depositan en su sepultura. Sus ropajes, de colores oro y rojo, muestras bordados preciosistas. La dalmática de San Esteban está decorada con un bordado que representa el martirio del propio Santo, a modo de cuadro dentro de cuadro. La figura anciana y barbada de San Agustín (uno de los cuarto padres de la Iglesia) está cubierta con la mitra propia de los obispos y su capa episcopal está decorada con bordados que representan a San Pablo, Santiago y Santa Catalina. Las tres figuras forman un triangulo central que destaca por sus vivos colores dorados, al estilo de la pintura veneciana.

De El Greco – Desconocido, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3652567

El resto de las figuras de la parte inferior contrastan con las centrales en su cromatismo. Un grupo de caballero forman un friso que sirve de testigo y fondo a la escena principal. Estas figuras, pese a la marcada isocefalia, están individualizadas en rostros, gestos, actitudes y atuendos, muchas de ellas incluso identificadas con personajes de la época. Una auténtica galería de retratos de marcado realismo.

Los caballeros aparecen ataviados con la indumentaria habitual de la época en de El Greco: riguroso negro adornados por las puñetas y lechuguillas o golas, en el caso de los nobles (que también lucen la Cruz de Santiago) o cuellos blancos en los letrados que son testigos del entierro. Esta galería es un claro anacronismo que sitúa la escena en el siglo XVI y no en el XIV, cuando fue enterrado el Señor de Orgaz. Entre los personajes reconocidos podemos señalar al letrado y humanista Antonio Covarrubias o a Francisco de Pisa, también humanista. Llama la atención el niño que, en primer plano, nos señala la escena; se trata de Juan Manuel Theotokópoulos, el hijo del propio pintor, de cuyo bolsillo sobresale un pañuelo con la firma del artista.

A ambos lados de la composición dos figuras, ligeramente inclinadas, cierras el friso de personajes. Junto al niño, un franciscano de capa gris, acompañado de un trinitario o agustino y de un dominico. Al otro lado, casi como un espejo, un sacerdote, cubierto por una hermosa capa pluvial negra en la que destaca el bordado de una calavera mortuoria, podría tratarse de Andrés Núñez de Madrid, el párroco de Santo Tomé que encargó la obra a El Greco. Las últimas figuras del friso se cortan, uno de los rasgos característicos del manierismo, rompiendo con el modelo compositivo renacentista.

Una de las figuras más destacadas del cuadro es el segundo sacerdote, que aparece con los brazos abiertos, vestido con túnica negra y un maravilloso sobrepelliz blanco cuyo realismo en pliegues y transparencias es magistral. Esta figura está algo distanciada del resto, generando un interesante efecto de perspectiva, de profundidad de campo, que contrasta con el friso de caballeros que parecen ocupar un espacio mínimo. La mirada al cielo de este personajes conecta el mundo terrenal con la Gloria.

La parte superior del cuadro representa la Gloria. Vemos la imagen del Juicio Final, tantas veces representada en el arte, convertida en un juicio individual presidido por las déesis bizantina (Cristo, María y San Juan Bautista). Podemos ver un cambio estilístico, frente al realismo dominante en la zona terrenal, en el Cielo las figuras se alargan y se vuelven más etéreas y espirituales, flotan sobre unas nubes que parecen empujarlas hacia arriba.

La composición se vuelve zigzagueante y las figuras serpentean y pueden aparecer en complicados escorzos, especialmente los ángeles, reforzando el movimiento de la composición. El Greco da rienda suelta a su imaginación y su particular estilo en la Gloria.

La imagen de Jesucristo, glorioso y triunfante, preside la composición y la llena de luz, su figura forma un triangulo con las de la Virgen (vestida con hermosos colores rojo y azul) y el cuerpo delgado y desnudo de San Juan Bautista. Entre ellos un ángel trasporta el alma vaporosa del difunto hasta el cielo, convirtiéndose en la conexión con el mundo terrenal.

Tras la figura de San Juan, una multitud de Santos se agolpan para tratar de interceder por el difunto, podemos distinguir, entre otros, a Santo Tomás, a San Esteban e, incluso al monarca Felipe II (que por entonces aún estaba con vida). Al otro lado, ocupa un lugar destacado San Pedro, con las llaves del Cielo. Sentados, un poco alejados, observado la escena encontramos a Noé, David y Moisés con su iconografía habitual.

La forma de ocupar el espacio pictórico por las figuras no genera una sensación de horror vacui, especialmente en el friso de retratos y en los santos que se agolpan tras San Juan, lo que también sucedía en la galería de retratos terrenales.

Dibujo, luz y color

El rasgo característicos del dibujo en la obra de El Greco es el alargamiento de las figuras, estilizándolas y dotándolas de una fuerte espiritualidad y una inquietante belleza. Los rasgos se vuelven más etéreos, llameantes y las figuras cobran un cierto aspecto fantasmal.

La representación de la luz en la obra en la obra no es realista. En la parte superior surge de la figura de Cristo, es una luz blanca que baña la escena, pero no actúa como un foco o una verdadera fuente de luz. La parte inferior muestra una escena nocturna, supuestamente iluminada por la luz de los hachones que portan algunos personajes, pero realmente la iluminación parece venir de la parte frontal, llegaría de fuera del cuadro. El Greco, como es habitual en su obra, utiliza la luz a su antojo, de manera subjetiva, reforzado aquello que le interesa sin preocuparse de la verosimilitud.

El color adquiere un protagonismo indiscutible frente al dibujo, especialmente en la parte celestial. El contraste de colores es, en mi opinión, uno de los elementos más atractivos de la obra. En la parte terrenal la severa austeridad de los caballeros, contrasta con los dorados y damascos de los ropajes de los santos. El colorido veneciano de los segundos frente a la seriedad de los primeros.

En el cielo la virgen luce una túnica roja y manto azul que dialoga con los ropajes púrpuras y anaranjados del primero de los santos tras la figura de San Juan; lo mismo ocurre con los amarillos y azules de San Esteban y San Pedro. En el conjunto se mezclan colores grises, amarillos, verdes, dando una gran sensación de irrealidad, casi transparencia en muchas figuras. Mención a parte merece el alma del difunto, donde la línea y el dibujo han desaparecido por completo.

De El Greco – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38746498

Función de la obra

El objetivo de esta obra es doble una puntual por el encargo y otra universal por su mensaje:

  • La obra fue encargada para por el párroco de la Santo Tomé, Andrés Núñez, tras un pleito por el que la justicia reconocía la obligación de los vecinos de Orgaz de pagar un dinero que el señor de la villa había legado a la parroquia.
  • Pero más allá de la anécdota puntual del encargo se trata de un cuadro religioso, que refuerza el mensaje de salvación del alma gracias a las obras de caridad y por la intercesión de la Virgen y los santos; algo que los protestantes rechazaban, pues era la fe lo que salvaba y negaban la intercesión de los santos. Debemos pues situarnos en el contexto de la Contrarreforma. No es casualidad que aparezca la figura del monarca Felipe II en el cielo.

Influencias

Las influencias de la pintura del Greco son muy variadas. Podemos comenzar por la pintura de iconos griegos en la que se formó en Creta con su sentido anti-naturalista, el predominio de los dorados y la búsqueda de la espiritualidad. El paso del artista por Italia le permitió sumar influencias venecianas, especialmente el predominio del color en la pintura. Tintoretto y de Tiziano fueron los grandes maestros del color, colores vistosos y brillantes y su estilo se deja ver en la obra de El Greco. En Roma entró en contacto con la obra de Miguel Ángel, sus composiciones complejas, el escorzo y los complicados estudios anatómicos marcaron su obra.

La suma de todas estas influencias, el ambiente del Toledo de su época, el influjo de la Contarreforma y su genio personal; acabaron fraguando un estilo peculiar y reconocible, de figuras alargadas, llameantes y espirituales, de fondos misteriosos y cielos tormentosos. Con un maravilloso dominio del color pero sin gran preocupación por las perspectiva y por la verosimilitud de la luz.

El Greco ejerció una influencia notables sobre los pintores del siglo XIX, impresionistas y expresionistas valoraron y recuperaron su obra, poco valorada en la época neoclásica. La deuda de la pintura del siglo XIX con la obra del El Greco en indudable.

Respecto a esta obra concreta, es indudable que fue la inspiración para el pintor realista Gustave Courbet para pintar Un entierro en Ormans (1849-50), una de sus obras maestras.

Enlaces

 

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