Formación

La obra de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) presenta una gran complejidad. La evolución de su arte fue constante a lo largo de su vida, y en ella influyeron tanto sus vivencias personales, como los acontecimientos de su época. La transformación de su obra es tan intensa que de no estar firmada se creería obra de artistas diferentes.

Su época de formación estuvo marcada por el estudio del Barroco italiano y la influencia de su maestro: José Luzán (1710-1785), discípulo de Lucas Jordán1. Completó su formación con el preceptivo viaje a Italia, donde pudo estudiar la obra de los grandes artistas renacentistas y barrocos.

Goya, El nombre de Dios adorado por los ángeles (Pinturas murales de El Pilar, 1772)

De su primera época podemos señalar cuadros como Aníbal vencedor (1770), obra de factura clásica y composición barroca. Destacan sus pinturas murales en la basílica de El Pilar en Zaragoza, en La Adoración del Nombre de Dios o La Gloria (1772) que decora el techo del coreto, muestra un rompimiento de gloria con todos los elementos del trampantojo barroco, al estilo de Lucas Jordán.

Llegada a la Corte

Llegó a la corte de la mano del pintor de corte de Carlos III: Francisco Bayeu (1734-1795), también discípulo de Luzán y hermano de la esposa de Goya (Josefina Bayeu). Comenzó a trabajar realizando cartones para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, dirigida por Anton Raphael Mengs.

Durante esta época Goya pintó escenas costumbristas para los tapices y retratos de personajes de la corte. La protección de la Duquesa de Osuna le permitió acceder a parte la nobleza, logrando éxito, reconocimiento y fortuna al convertirse en el retratista de moda.

Goya, El parasol (1777)

El estilo de Goya en su primera etapa se caracterizó por:

  • Una visión optimista de la vida que se reflejó en su pintura.
  • El predominio de colores claros.
  • Una factura acabada, de trazo continuo.
  • La elección de una temática amable.

Sus obras muestran un vida alegre y relajada, de juegos, galanteos y fiestas, con una composición clásica y clara. Algunos ejemplos son El quitasol (1777) o La pradera de San Isidro (1788), que luego volverá a pintar de manera muy diferente en su última etapa. Como obra religiosa destaca su Cristo crucificado (1780), una representación elegante inspirada en Velázquez.

La otra gran faceta de Goya son los retratos, que le reportaron éxito y fama. Pintó la familia de su protectora: Los duques de Osuna y sus hijos (1788). Otros nobles como La Duquesa de Alba (1795) también aparecen en sus obras. Una de las características más notables de los retratos de Goya es su penetración psicológica (retrato psicológico) que dejaba clara la opinión del artista sobre los personajes, como vemos en la melancolía resignada de la Condesa de Chinchón (1800) o el rostro preocupado y pensativo del Retrato de Jovellanos (1798).

Dos retratos especialmente llamativos son La maja desnuda (1790-1800) y La maja vestida (1802-1805), de los que desconocemos la identidad de la modelo. De la primera destaca por ser uno de los pocos desnudos del arte que no buscan la justificación de una deidad mitológica; del segundo, la factura rápida de las pincelada, que anticipa el camino posterior de arte de Goya.

Goya, La maja desnuda (1790-1800)

Logró ser nombrado pintor de cámara de los reyes Carlos III y Carlos IV: Carlos III (1785) y Carlos IV (1799). De entre todos los retratos que hizo de los monarcas destaca La familia de Carlos IV (1800), obra maestra inspirada en las Meninas de Velázquez. Es una auténtica galería de retratos psicológicos (algunos de ellos rozando la impertinencia) de aquellos que debía regir los destinos de España.

Versión PDF: Francisco de Goya

Goya, Familia de Carlos IV (1800)

1Luca Giordano (1634-1705), pintor barroco italiano destacó por sus frescos. Trabajó para la corte española influyendo en diversos artistas.

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