Historia de España

La conquista romana de Hispania I: la II Guerra Púnica

Antes de la conquista romana la península ibérica estaba habitada por un conjunto de pueblos y tribus que agrupamos en tres grandes áreas:

Al describir la configuración de esta proto-hispania no podemos olvidar la presencia de colonias y factorías fenicias, cartaginesas y griegas que tachonaban las costas de la península.

El largo proceso de la conquista romana puede dividirse en tres grandes etapas:

  • En primer lugar el enfrentamiento con los cartagineses en la II Guerra Púnica, que tuvo en la península uno de sus más importantes escenarios, y el posterior control de los pueblos iberos, proceso que podemos datar entre el 218 y el 195 a.C.
  • La segunda etapa fue la conquista del interior y oeste de la península, entre el 195 y el 133 a.C. Durante esta fase se desencadenaron las Guerras Lusitanas y Celtibéricas.
  • Por ultimo la conquista de los territorios al norte de la Cordillera Cantábrica y la zona de la actual Galicia, habitados por cántabros y astures, las llamadas Guerras Cántabras entre el 29 al 19 a.C., ya en época Imperial.

La II Guerra Púnica en Hispania

La primera intervención de Roma en el territorio peninsular se enmarcó en el contexto de la II Guerra Púnica que se disputó entre 218 y el 201 a.C.. Cartago, una antigua colonia fundada por los fenicios en la actual Túnez, se hizo con el control del comercio fenicio en el mediterráneo occidental tras la caída de Tiro en manos del Imperio Babilónico de Nabucodonosor.

La I Guerra Púnica

Cartago y Roma competían por la hegemonía en un Mediterráneo occidental y la I Guerra Púnica, entre el 264 y el 241 a.C., debía resolver esta rivalidad. La derrota de los cartagineses, llamados púnicos por los romanos, supuso importantes pérdidas territoriales para los africanos, dejando a Roma el control de Córcega, Cerdeña y Sicilia, y una serie de humillantes clausulas que limitaban su ejército y les obligaban a pagar una fuerte indemnización a Roma, una factura de 3200 talentos de plata, (un talento romano equivale a más de 32 kilogramos).

Los cartagineses en la península ibérica

Los cartagineses buscaron la manera de resarcirse de estas pérdidas y fue entonces cuando cobró importancia en el tablero geopolítico la península ibérica. A partir del 237 a.C. y liderados por Amílcar Barca, Cartago amplió su presencia en la península apoderándose por pactos o por la fuerza de la zona meridional.

A la muerte de Amílcar en la batalla de Ilice en el 224 a.C., su yerno y sucesor Asdrúbal el Bello se mostró partidario de pactos con los indígenas, eso sí, asegurándose su fidelidad mediante la entrega de rehenes por las principales familias iberas. Asdrúbal fundó la ciudad de Qart Hadasht, que los romanos llamaron Cartago Nova y la actual Cartagena. Esta ciudad se convirtió en la base desde la que Cartago afianzaba su presencia en la península.

El objetivo de Cartago en Iberia era resarcirse de las pérdidas sufridas en la I Guerra Púnica y recuperar su fuerza militar. Los pactos con los iberos les sirvieron para incorporar a sus afamados guerreros como tropa mercenaria. Fueron las ricas minas de plata de los alrededores de Cartagena las que permitieron a Cartago formar el gran ejército que luego utilizó Aníbal, con el inestimable refuerzo de la caballería númida y un nutrido grupo de paquidermos, contra la República de Roma.

Las maniobras de rearme económico y militar de Cartago no pasaron desapercibidas para el Senado Romano, pero sus enfrentamientos con los galos al norte de la península itálica disuadían a Roma de una nueva guerra con los púnicos, debían ganar tiempo, los problemas mejor de uno en uno. Roma firmó con Asdrúbal en el 226 a.C. el Tratado del Ebro, fijando en dicho río (iber para los romanos) la frontera entre las zonas de influencia de ambas ciudades.

Asdrúbal murió asesinado en el 221 a.C. le sucedió como comandante en jefe del ejército de Cartago en la península Aníbal Barca, hijo de Amílcar Barca. Aníbal pronto se puso manos a las armas y aumentó el poder cartaginés venciendo a una coalición celtibérica en la batalla del Tajo, era el año 220 a.C.

Sagunto: el inicio del guerra

El creciente poder de Cartago reabrió el conflicto con Roma hasta que finalmente estalló la guerra abierta. El causus belli fue la ciudad ibera de Arse (Saguntum para los romanos), población edetana aliada de romana a la que Cartago acusaba de hostigar a los turboletas, sus aliados en la zona. Aníbal atacó Sagunto en el año 219 a.C. La ciudad fue asediada durante ocho meses, conquistada y destruida. El Senado Romano declaró la guerra a Cartago, había comenzado la II Guerra Púnica que enfrentó a las dos ciudades entre el 218 y el 201 a.C.

Durante unos años el escenario principal de la guerra fue la península itálica. Aníbal atravesó los Pirineos y los Alpes con un ejército de africanos e iberos, apoyados por caballería y elefantes, en una de las maniobras más audaces de la historia militar. Recorrió la península itálica a golpe de batalla, desde el Lago Trasimeno hasta Cannas, derrotando a todos los ejércitos romanos que le salieron al paso hasta plantarse a las puertas de Roma, pero sin llegar a rendir la ciudad.

Aníbal obligó a Roma a buscar otras soluciones estratégicas y esta solución pasó atacar la retaguardia y los suministros que llegaba a Aníbal desde la península ibérica. Fue en ese momento cuando comenzó la conquista de romana de Hispania.

Los romanos desembarcaron en Emporion en el 218 a.C. La ciudad era una colonia griega aliada de Roma. Al mando de las legiones romana estaban los hermanos Cneo y Publio Escipión. Los romanos vencieron en la batalla de Dertosa en el 215 a.C. y avanzaron por la costa tomando la ciudad de Sagunto en el 214 a.C.; pero el ejercito cartaginés bajo el mando Asdrúbal y Magón, (hermanos de Aníbal) y de Asdrúbal Giscón logró derrotarlos en las batallas de Cástulo e Ilorca (conocidas como Batallas del Alto Beatis), del 211 a.C. y acabar con la vida de los dos generales.

Publio Cornelio Escipión

El militar clave para la victoria de Roma en la II Guerra Púnica fue Publio Cornelio Escipión, hijo del Publio Escipión muerto en la batalla de Cástulo. Llegó a Hispania en el 211 a.C. y bajo su mando las legiones romanas conquistaron la ciudad de Cartago Nova en el 209 a.C., en una rápida maniobra que sorprendió a los ejércitos de Cartago lejos de su capital.

La toma de la ciudad fue vital y cambió el curso de la guerra. Junto al golpe moral, Escipión arrebataba a los cartagineses la base de su armada, las ricas minas de plata que pagaban a los mercenarios y los rehenes con los que Cartago se aseguraba la siempre cambiante fidelidad de los caudillos iberos.

Escipión logró romper las alianzas de las poblaciones indígenas con Cartago, jefes o régulos como Edecón (de los edetanos), Indíbil (de los ilerguetes) o Mandonio (de los ausetanos) pasaban a ser aliados de Roma. En el año 208 a.C. realizó un rápido avance hacia el sur.

El enfrentamiento decisivo en Hispania entre Escipión y Asdrúbal tuvo lugar en la Batalla de Baécula (emplazamiento por la actual provincia de Jaén, posiblemente Santo Tomé), el resultado fue una incontestable victoria para Roma.

Tras las batalla Asdrúbal marchó con los restos de su ejército hacia la península itálica en apoyo de Aníbal pero fue derrotado, capturado y decapitado por los romanos a orillas del río Metauro antes de poder reunirse con su hermano.

Escipión avanzó por el valle del Guadalquivir y acabó con los restos del ejército cartaginés en la batalla de Ilipa cerca de Hispalis (la actual Sevilla) en el 206 a.C. Al hacerse con el control de la ciudad de Gádir, también en el 206 a.C, terminó con la presencia púnica en la península.

La II Guerra Púnica continúo pero ya fuera de Hispania. La definitiva rendición de Cartago tuvo lugar en el 201 a.C. Un año antes, en el 202 a.C., Escipión logró la victoria en la decisiva Batalla de Zama, enfrentándose a su gran rival: Aníbal Barca. Su victoria le valió el sobrenombre de Africanus, pero ese es tema para otro capítulo.

Dominio Romano de Hispania

Al finalizar del enfrentamiento con Cartago, Roma dominaba la mayor parte de los territorios donde habitaban los pueblos iberos: el litoral mediterráneo y el valle del Guadalquivir. En el año 197 a.C. dividieron el territorio dominado en dos provincias la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior, siendo Tarraco y Corduba sus capitales.

Si la llegada de Roma respondió a la lógica de una guerra contra Cartago, esta división provincial dejaba clara la voluntad romana de permanencia en estos territorios. Frente a la denominación de Iberia utilizada por fuentes griegas, lo romanos emplearon la de Hispania para referirse a la península, término del que derivó España.

Aunque las poblaciones iberas estaban acostumbradas a la presencia de poblaciones colonizadoras y su proceso de romanización fue relativamente rápido, no estuvo exento de enfrentamientos. Las revueltas contra el poder de Roma fueron provocados, en la mayor parte de los casos, por los abusos de la administración romana.

Para la primera de ellas no hizo falta esperar a que acabara la II Guerra Púnica. En el 206 a.C., aprovechando un motín en las legiones romanas, varios pueblos iberos que luchaban con Roma se sublevaron, liderados por los míticos Indíbil, jefe de los ilergetes y Mandonio, ausetano, animados por la enfermedad y los rumores de la muerte de Escipión.

Ya terminada la guerra tuvo lugar otra importante revuelta, entre el 197 y el 195 a.C., debida a los altos tributos y los cambios administrativos impuestos por Roma, que implicó a las dos provincias romanas, participando también mercenarios celtíberos al servicio de los turdetanos. La rebelión fue sofocada de manera sangrienta por el cónsul Marco Porcio Catón, conocido como Catón el Viejo, uno de los grandes rivales políticos de los Escipiones.

Concluye así la primera fase de la conquista romana de la Hispania, a principios del siglo II a.C., la República de Roma dominaba el litoral mediterráneo y la zona sur, lo territorios donde habitaban los pueblos iberos y que eran las zonas más ricas y pobladas de la península.

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