La enfermedad y la guerra

La obra de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) presenta una gran complejidad. La evolución de su arte fue constante a lo largo de su vida (primera etapa), y en ella influyeron tanto sus vivencias personales, como los acontecimientos de su época. La transformación de su obra es tan intensa que de no estar firmada se creería obra de artistas diferentes. Ya hemos visto su época de formación y sus pinturas de la corte, ahora estudiaremos su segunda época, marcada por la enfermedad y la guerra.

Goya, El sueño de la Razón produce monstruos (1799)

Cuando Goya había alcanzado el éxito artístico y el reconocimiento social una serie de acontecimientos torcieron su destino. El pintor sufrió una enfermedad que dejó como secuela una sordera que le aisló del mundo. El dolor individual le volvió más introspectivo y cambió su visión optimista de la sociedad por otra más negativa y crítica con sus convenciones.

El reflejo de esta visión fue la colección de grabados que conocemos como Los Caprichos, cargados de una fuerte crítica social y fruto de una imaginación fértil y febril, que divaga libremente. Goya critica la sociedad de su época, la superstición, la incultura, la intolerancia… El sueño de la razón produce monstruos (Capricho n.º 43) es el más conocido de la serie, un personaje (¿el propio Goya?) duerme asediado por criaturas nocturnas que pueblan sus pesadillas.

El segundo elemento que cambia la vida de Goya fue el dolor colectivo que provocó la Guerra de la Independencia (1808-14). Contemplar el sufrimiento que los hombres eran capaces de infringir a sus semejantes incrementó el pesimismo de Goya.

Una nueva colección de grabados: Los Desastres de la Guerra, permitió al artista expresar todo el dolor y el desgarro que siente su alma. El ser humano es representado como una bestia cruel. No distingue bandos a la hora de denunciar las atrocidades. Podría considerarse esta colección como el primer reportaje gráfico de guerra de la historia.

Estragos de la guerra (Desastres n.º 30) es un buen ejemplo. Este grabado está considerado como un precedente o inspiración de El Guernica que años después pintó Pablo Picasso para denunciar los desastres de otra guerra. Destaca el caos compositivo, la mutilación de los cuerpos, la fragmentación de objetos y enseres situados en cualquier lugar del grabado.

Dos de sus grandes obras maestras, aunque realizadas al acabar la guerra, tiene ésta como temática. Son los llamados cuadros patrióticos: La carga de los mamelucos o El dos de mayo (1814) y Los fusilamientos de la Moncloa o El tres de mayo (1814). En ellos podemos apreciar un cambio de técnica con respecto a su primera etapa:

  • El enriquecimiento de la paleta cromática.
  • La búsqueda de nuevas posibilidades de la pintura, usándola como manchas.
  • El movimiento en la composición con escorzos dinámicos, figuras dobladas y retorcidas, recordando las composiciones de Rubens.
  • Los movimientos y gestos trágicos de los personajes: puños crispados, cuerpos agarrotados… generando una gran sensación de opresión.
  • Son obras que podemos situar en el origen del expresionismo.

    Goya, El dos de mayo o la carga de los mamelucos(1814)

Las pinturas negras

Tras la guerra Goya continuó en la corte como pintor de cámara de Fernando VII, pero su rechazo al absolutismo le situaba bajo continua sospecha. Finalmente se alejó de la Corte instalándose en lo que se conoció como la Quinta del Sordo. Las paredes de la casa fueron cubriéndose con pinturas de inquietantes temáticas que muestran su sufrimiento y visión pesimista y patética de la sociedad. Son las llamadas pinturas negras caracterizadas por:

Goya, Saturno devorando a sus hijos (1819-23)
  • La ausencia de color: el negro protagoniza las obras.
  • La pintura se aplica con manchas.
  • El dibujo desaparece.
  • Las temática onírica se apodera de todo, es un mundo de pesadilla, lleno de visiones horribles y alucinaciones mental. Una fantasía sombría que se había apoderado de la mente del pintor.
  • Las figuras aparecen deformadas y monstruosas.

Saturno devorando a sus hijos (1820-23) o Dos viejos comiendo sopa (1823) muestran ese mundo de pesadilla y figuras deformadas. Llama la atención la Romería de San Isidro (1823), al ser un tema que ya había tratado en su época optimista, podemos comparar ambas obras para observar la evolución de su arte y su visión del mundo.

Los últimos años de su vida los pasó en Burdeos, tras logar el permiso del rey para abandonar España. Dejándonos un última obra: La lechera de Burdeos (1827) donde retoma una visión más amable, con una técnica de pincelada rápida que anticipa el impresionismo.

Versión PDF: Francisco de Goya

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