Tras la I Guerra Mundial surgieron en Asia movimientos independentistas que se vieron favorecidos por el triunfo de la Revolución soviética (con su discurso emancipador) y por el regreso de élites indígenas formadas en Europa con ideas nacionalistas.

Fue, sin embargo, la II Guerra Mundial la que propició las condiciones para el desarrollo del proceso descolonizador. Las victorias japonesas pusieron fin al mito de la invulnerabilidad de metrópolis, la guerrillas utilizada contra los invasores nipones se mantuvieron como forma de lucha contra los ejércitos coloniales. Mientras, en las propias metrópolis occidentales, se cuestionaba el modelo colonial, muy costoso para los países y con unos beneficios que sólo alcanzaban a determinados grupos

El contexto de la Guerra Fría, con dos potencias que rechazaban el colonialismo, y la Carta fundacional de la ONU también respaldaban la descolonización.
La mayor parte de los movimientos descolonizadores partieron de los Partidos Comunistas y de otras fuerzas de izquierdas con gran apoyo popular (principalmente en Asia: Indochina, Indonesia…); de movimientos nacionalistas (Partido del Congreso en la India); de la recuperación de la identidad religiosa (algunos países musulmanes) o étnica (en el África negra).

La India alcanzó su independencia en 1947 pero, pese a la intención del Partido del Congreso, la colonia se dividió en dos Estados según criterios religiosos: Unión India y Pakistán. La división provocó una éxodo masivo y un conflicto que aun no ha sido resuelto entre dos Estados con arsenal nuclear.

La revolución que acabó con el Imperio chino comenzó en 1911, protagonizada por el Koumintang. Desde 1927 Chiang Kaichek gobernó el país de forma autoritaria hasta la revolución comunista liderada por Mao Zedong, quien se hizo con el poder tras una guerra civil en 1949.

Los territorios del antiguo Imperio Otomano, que tras la I Guerra Mundial se convirtieron en protectorados fueron alcanzando su independencia (Siria, Líbano, Irak…). El mayor conflicto estalló en Palestina. La creación del Estado de Israel en 1947 provocó la reacción de los árabes. Tras varias guerras favorables a los israelíes, éstos se hicieron con el control de todo el territorio palestino, pueblo que ha quedado sin Estado en campos de refugiados.

Algo más tardía fue la independencia de los países africanos. En el magreb, Marruecos se independizó en 1956 y Túnez en 1957. Más conflictiva fue la descolonización de Argelia (1962) por la presencia de importantes contingentes de población blanca.

El África subsahariana se independizó entre los años 50 y 60 del siglo XX. El mayor conflicto se produjo en el Congo donde Mobutu se hizo con el poder tras una dura guerra civil. En el sur de África países con minorías blancas poderosas crearon regímenes de apartheid (Sudáfrica o Rhodesia del Sur) que perduraron hasta los años 80 y 90. La llegada al poder de Mandela es el símbolo del fin de estos regímenes. Las colonias portuguesas fueron las últimas en alcanzar su independencia que no llegó hasta los años 70 con la Revolución de los Claveles.

El fin del colonialismo no acabó con los problemas de los nuevos Estados, mucho de ellos tuvieron que enfrentarse a las arbitrariedad de las fronteras coloniales, a conflictos étnicos y religiosos y al subdesarrollo. Las potencias europeas trataron de mantener la influencia en los nuevos países controlando su economía o desestabilizando gobiernos que no respetaban sus intereses, es lo que se conoce como neo-colonialismo.

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