La primera etapa del reinado de Isabel II (1833-1840) estuvo marcado por la regencia de su madre (María Cristina) y por la oposición de los absolutistas encabezados por su tío, Carlos María Isidro, que provocaron la I Guerra Carlista (1833-1839).

La regencia de María Cristina contó con políticos procedentes del absolutismo moderado, como Cea Bermúdez, pero la necesidad de sumar apoyos contra el carlismo le acercó a los liberales moderados.

 

Durante el gobierno de Martínez de la Rosa se aprobó el Estatuto Real de 1834. Las reformas eran insuficientes para los deseos de los liberales. La situación obligó a la regente a nombrar un gobierno liberal progresista de la mano de Mendizábal y Caltrava. Se inició una época de importantes cambios marcados por la desamortización de bienes religiosos, la instauración del liberalismo económico y la aprobación de la Constitución de 1837.

La primera etapa de la guerra fue propicia a los carlista que lograron asentarse en Navarra, País Vasco, zonas de Cataluña y el Maestrazgo; pero no lograron dominar ninguna ciudad importante. La muerte de Zumalacárregui en el asedio a Bilbao y las victorias del liberal Espartero, debilitaron y dividieron a los carlistas. El carlista Maroto firmó la paz (Convenio de Vergara, 1839) que ponía fin a la I Guerra Carlista, aunque grupos más intransigentes liderados por Cabrera continuaron luchando hasta 1840.

Los grupos políticos más importantes de la época fueron los progresistas y los moderados, alternándose en el poder. Posteriormente surgieron otros como la Unión Liberal, los demócratas y republicanos; sin olvidar a los carlistas. Eran partidos de notables, poco numerosos y articulados en torno a una figura importante.

La segunda etapa del reinado fue la regencia de Espartero (1840-43). Formó un gobierno progresista pero fue evolucionando hacia posturas muy autoritarias. El bombardeo de Barcelona (1843), tras una protesta de los obreros del textil, precipitó su caída.

Los moderados recuperaron el poder, e Isabel II fue reconocida mayor de edad (1844). La Constitución moderada de 1845 sustituyó a la progresista de 1837. Daba comienzo la Década Moderada 1844-54. Fue un periodo que permitió dotar al Estado liberal español de una base institucional y legislativa, inspirada en el liberalismo doctrinario. La Reina firmó el Concordato con la Santa Sede (1851).

Las crisis políticas continuaron y el favoritismo de la Reina hacia los moderados provocó descontento entre los demás grupos políticos que conspiraron para tomar el poder.

La Vicalvarada de 1854 devolvió el gobierno a los progresistas. La política económica de Madoz profundizó en la desamortización y apostó por el desarrollo del ferrocarril.

Una mala situación económica y la conflictividad laboral provocaron una crisis de gobierno que en 1858 llevó al poder a la Unión Liberal.

Durante la última etapa del reinado de Isabel II (1863-68) el poder estuvo en manos de los Moderados que gobernaron de manera autoritaria hasta 1868.

 

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