Los cambios producidos en la sociedad por el nuevo modelo económico, provocaron la aparición de una nueva clase social: el proletariado. Lo formaban los antiguos campesinos llegados a las fábricas y los artesanos que no pudieron competir con el sistema fabril. Las malas condiciones laborales a las que fueron sometidos originó una conciencia de clase, distinta a la burguesía, y la lucha para mejorar sus condiciones.

Las primeras formas de protesta fueron motines puntuales y poco coordinadas. Con el tiempo surgieron las primeras asociaciones obreras, prohibidas y reprimidas por las leyes.

Desde la clandestinidad grupos luddistas destruyeron las máquinas y movimientos revolucionarios democráticos plantearon sus protestas.

El socialismo utópico fue la primera doctrina elaborada que denunciaba la situación de los obreros. Partía de principios roussonianos y apostaba por la paulatina toma de conciencia de los propietarios sobre la situación de los obreros.

Las asociaciones clandestinas (como las Sociedades de Socorro Mutuo), a medida que fueron legalizadas forjaron los primeros sindicatos. El movimiento cartista exigía el sufragio universal para que los obreros y que sus representantes pudieran participar en la elaboración de las leyes.

La revolución de 1848 supuso la ruptura definitiva entre los intereses del proletariado y de la burguesía, antes aliados contra el absolutismo y el estamento privilegiado. Los obreros tomaron conciencia de la necesidad de resolver sus problemas por sí mismos.

Las dos grandes corrientes ideológicas del movimiento obrero fueron el marxismo y el anarquismo. Desde la concepción dialéctica y materialista de la historia, Marx interpreta el pasado y el presente como una lucha entre dos clases antagónicas. Durante su época se enfrentaría el proletariado con la burguesía. Su propuesta era que, para romper con esta lucha, los medio de producción dejaran de estar en manos privadas. Para lograrlo era necesario un movimiento revolucionario que implantara la dictadura del proletariado.

Los anarquistas también denunciaban la injusticia del capitalismo, pero su propuesta consistía en la eliminación de toda forma de Estado y poder, pues siempre supondría una explotación.

La AIT trató de crear una asociación de todos los grupos obreros para la actuación conjunta. Las diferencias entre Bakunin y Marx, y la represión que siguió al fracaso de la Comuna de París (1871) llevaron a su disolución.

Las últimas dos décadas del siglo vieron el auge del sindicalismo de masas y de los partidos socialdemócratas. Los logros en materia laboral originaron la división entre aquellos que pretendían continuar hasta la destrucción del sistema capitalista, y los que creían que bastaba con reformarlo.

La II Internacional (socialdemócrata) fijó la postura obrera sobre la guerra y el colonialismo; y rechazo el revisionismo de los principios revolucionarios.

 

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