Los años 60 fueron testigos de un fuerte crecimiento en España. El apoyo de los EE.UU y el abandono de la política autárquica permitió a España beneficiarse de la etapa expansiva que atravesó la economía mundial. Franco puso la política económica española en manos de un grupo de economistas vinculados al Opus Dei (los tecnócratas) que implementaron el Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo Económico y Social.

El sector industrial creció de forma notable gracias a la inversión en capital (en gran parte llegada desde el exterior) que mejoró la productividad y aumento las exportaciones. El sector servicios creció, especialmente el relacionado con el turismo que llegó a convertirse en el principal motor de la economía española. La agricultura vivió una fuerte reconversión, la mecanización y las nuevas oportunidades que ofrecían las ciudades provocó el éxodo rural. La mayor renta disponible dinamizó el consumo. La dependencia de las inversiones exteriores y la salida de emigrantes eran los puntos débiles de este crecimiento.

El fenómeno de las migraciones marcó la demografía española de estas décadas. Las migraciones internas desplazaron a más de 4 millones de personas mientras, casi un millón y medio de españoles emigraron hacia Europa.

El crecimiento económico tuvo su reflejo en un profundo cambio social. España entraba en la llamada sociedad de consumo, se modificaba el modelo familiar, la mujer se incorporaba al trabajo remunerado, la influencia extranjera aumentaba; incluso la Iglesia se abría a nuevas mentalidades (Vaticano II).

En lo político el régimen apenas se modificaba, las pocas reformas eran superficiales y pretendían apuntalar el sistema, no cambiarlo. Los dirigentes franquistas creían que crecimiento económico permitiría la paz social. La política exterior estuvo marcada por la negativa de la CEE de admitir a España y la descolonización de Guinea Ecuatorial y el Sahara Occidental.

La rencillas entre inmovilistas y aperturistas dentro del régimen estallaron por la difusión del caso MATESA. La línea dura (Bunker) se impuso y el régimen se endureció, más aun tras el asesinato de Carrero Blanco por ETA (1973). El crecimiento de la conflictividad social (protestas de obreros y estudiantes) fue respondido con represión por Franco.

La oposición se reorganizaba (PCE, PSOE, Democracia Cristiana…) y surgían nuevos sindicatos como CC.OO. y U.S.O. que preparaban una alternativa democrática.

La enfermedad de franco se agravaba. El dictador murió el 20 de noviembre de 1975, el rey Juan Carlos I debía ser su sucesor, y el gobierno quedaba en manos de Arias Navarro quien, tras una primer discurso aperturistas, demostró su tendencia inmovilista.

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