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La ciudad musulmana

El arte islámico se desarrolló en una cultura urbana. La civilización musulmana recuperó la ciudad como centro administrativo, económico y político, algo que había desaparecido en occidente tras la caída del Imperio Romano. La ciudad de Córdoba, en al-Ándalus vivió su momento de esplendor durante en el siglo X, durante el Califato. Fue la ciudad más grande de Europa con alrededor de 300.000 habitantes. Mientras París o Londres no eran más que villorrios malolientes (no muy diferentes de un corral), Córdoba gozaba de calles y plazas empedradas, una enorme biblioteca, agradables parques y baños, multitud de mezquitas e, incluso, alumbrado publico.

El trazado de las ciudades musulmanas era caótico y anárquico, aunque con cierta tendencia a crear conjuntos circulares1. Las fachadas que daban a las calles eran insípidas con pocas aberturas al exterior.

La ciudad musulmana

El edificio principal en las ciudades musulmanas es la mezquita, utilizada como lugar de culto, escuela o tribunal. Hablaremos de su estructura más tarde.

Junto a la mezquita se emplazaba el mercado (en árabe zoco, en turco bazar), antepasado de nuestro mercadillo. Los puestos de venta se situaban más o menos cerca de la mezquita en virtud del prestigio social de las mercancías ofrecidas. De esta manera, libros y perfumes eran los artículos ofrecidos en su misma puerta, a continuación se situaban las mesas de cambio de moneda, puestos de alimentación, utensilios de usos diversos y, por supuesto, esclavos.

Cerca del mercado estaba la alcaicería, recinto cerrado, cubierto y custodiado por guardias, en el que se vendían objetos de lujo como joyas o telas bordadas. Vitales para el comercio eran el fundaq o las alhondigas, edificios que poseían establos y almacenes en la planta baja, y en los cuales se albergaban viajeros y comerciantes.

Otros edificios importantes fueron:

Al analizar la vivienda musulmana debemos distinguir, como siempre, las clases humildes de las adineradas.

La casa musulmana

Las casas de la gente pobre eran reducidas en tamaño e insalubres. Las casas de las clases acomodadas daban una imagen exterior austera y sólo se abrían a la calle con celosías que salvaguardaban su intimidad.

La gran diferencia se encontraba en el interior donde se concentraba la decoración. El plano se organizaba en torno a un patio interior al que se abrían las habitaciones. Estos patios solían contar con un estanque rodeado de árboles (almendros, palmeras y naranjos) y plantas con flores, que perfumaban las habitaciones.

1Existen algunas excepciones, como la ciudad de Bagdad construida sobre un trazado circular perfectamente definido con puertas abiertas a los cuatro puntos cardinales.

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